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 Año 1992, y yo con 19 años. Año 2018, y yo con 45 años. 26 años de existencia del grupo de teatro perteneciente a este centro y cuyo nombre es: Sahara Teatre. Año 1992 debutamos con una lectura de poesía en homenaje al poeta oriolano, Miguel Hernández, el guión estuvo confeccionado por la docente, cuanto te debo, María Dolores Peiró. Título del recital: Eterna Sombra. Año 2018, repito con el dramaturgo Fernando Arrabal, y su texto del teatro del absurdo Pic-nic. Montado en la historia del grupo en 3 ocasiones, año 2007 y 2018 por mí, año 2013 por mi discípulo Abraham Arenas…, somos pues reincidentes con las vicisitudes de Zapo en el campo de batalla cuando es visitado por sus padres y… Presente: Alicia Bailén, Alejandro Traid, Iván Sicurella, Patricia Martínez y Marta Tomás actrices y actores cuyas edades oscilan entre 12 y 14 años, ¡que mayor me hacen! Ellas, ellos y yo os esperamos el próximo domingo día 24 de junio en la sala Gran Teatro de Elche, entrada gratuita, dentro de la XXI muestra de teatro de enseñanzas secundarias Óscar Martín a las 18 horas y la entrada es gratuita. Y yo muy orgulloso de que vuestro/ nuestro grupo de teatro, el de este centro, siga vivo, muy vivo. ¡Viva el teatro y viva Sixto Marco!

David López López, monitor de teatro IES Sixto Marco.

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 Siempre he creído que el trabajo de un profesor ha de ir más allá de su tarea cotidiana en el aula, la labor de un profesor no es sólo instruir sino también ampliar los horizontes culturales de sus alumnos, animarlos a aprender de formas diferentes y prepararlos para la vida y el mundo que les ha tocado vivir. Por este motivo las “actividades culturales” que se organizan en los centros son un complemento imprescindible para la formación de los alumnos, sobre todo cuando se consigue que el alumno sea parte integrante de la actividad que se organiza y que sean ellos mismos los que conciban y ejecuten dicha actividad con la ayuda y colaboración de algún profesor, en este sentido no se trataría de que los profesores organizaran actividades para los alumnos, sino de que los propios alumnos fueran capaces de organizar sus propias actividades, de acuerdo con sus ideas e intereses, dándoles los medios necesarios, en suma se deberían potenciar las capacidades de los alumnos para desarrollar sus aptitudes apoyándoles a llevar acabo sus propios proyectos.

En mi dilatada carrera como profesor de instituto he vivido épocas de muchos tipos y he visto pasar alumnado muy diverso, he organizado actividades para los alumnos y he colaborado para que otros las pudieran realizar. He vivido cambios de mentalidad en el alumnado y también cambios en los sistemas de enseñanza, he conocido alumnos muy motivados por realizar actividades fuera del aula y otros que no valoraban este tipo de actividades mal llamadas “extraescolares”, (ya que todo lo que sucede en un contexto educativo se puede clasificar de “escolar”).

De todos mis recuerdos como profesor del actual “Sixto Marco” (antes llamado “Politécnico” de F.P.), viene a mi memoria una época dorada en la que el centro tenía una gran vida cultural y en la que los alumnos poseían gran protagonismo en todas las actividades que se celebraban en el centro, se trata del período comprendido entre los años 1992 y 1998. En esos años coincidieron en el instituto un grupo de alumnos inquietos que utilizaban los escasos medios que les proporcionaba el centro para fomentar su desarrollo personal y poner al servicio del resto de compañeros sus capacidades actuando como aglutinante de todos aquellos que tenían inquietudes y querían desarrollarlas.

Al principio se trataba de un pequeño grupo de amigos que animados por algún profesor, se atrevían a subirse a un escenario para montar recitales de poesía, festivales u homenajes a escritores, de ahí pasaron al montaje de espectáculos teatrales, y más tarde a la creación de un grupo de teatro estable al que denominaron “Sahara Teatre”, nombre que evoca el desierto africano, pero también constituye una metáfora del largo viaje hacia la realización personal que estaban emprendiendo, una reminiscencia de ese desierto que o poco a poco querían ir poblando con sus obras, convirtiéndolo en un bello y florido oasis al que cada vez acudía más gente.

El grupo “Sahara” actuó desde el principio como un reactivo tanto para los alumnos como para los profesores del centro, eran estos jóvenes inquietos los que proponían constantemente iniciativas, los que se presentaban inmediatamente cuando se les solicitaba colaboración para llevar a cabo alguna actividad, siempre dispuestos a arrimar el hombro para llevar a término los proyectos, ya fuera una obra de teatro, un festival de fin de curso, una revista escolar o un programa de radio para los recreos. Siempre los chicos y chicas del grupo de este colectivo estaban allí, dispuesto a todo. También tuvieron la fortuna d contar con una dirección y un equipo de profesores muy proclive a fomentar este tipo de actividades, entre todos constituyeron un equipo que ya ha pasado a formar parte de la historia del instituto.

Revista Rampalla 08753De toda esta vorágine cultural que el grupo “Sahara” provoco en el Politécnico de entonces, con David López al frente, secundado por otros compañeros como José Manuel López, Marina Castro, Juan Antonio Escolano, Carlos Enrique Albaladejo, en sus principios y tantos otros que dejaron su huella con posterioridad: Jesús Noguera, Jacobo Muñoz, Manuel Caamaño, Elisa García, Elena Vázquez, Guadalupe Palacín, Javier Diez, Sabrina Ibañez o Berti Gil. Hoy conservamos documentos escritos como son los números de la revista “Rampallà” que ellos coordinaron y en los que tuvieron un gran protagonismo, así como documentos gráficos (fotografías y vídeos), de sus montajes teatrales. Un recuerdo también para ese entrañable salón de actos del viejo instituto, verdadera cuna de espectáculos, que una modernización se llevo por delante privándonos de uno de los signos de identidad de nuestro centro, un teatrillo pequeño pero coqueto que había visto representar todo tipo de espectáculos y que incitaba a hacer teatro, con sus tablas que crujían, con sus cortinas algo desvencijadas, con su escondite para el apuntador y con sus camerinos laterales en los que se podía encontrar todo tipo de material orgánico o inorgánico, creo que hay ocasiones en que los lugares también actúan como generadores de actividad y el viejo salón del Politécnico sería un claro ejemplo de ello.

Siguen pasando nuevas generaciones de alumnos, los nuevos tiempos han traído menos inquietudes culturales y más acomodamiento en los jóvenes, cuesta implicar la los alumnos en actividades fuera del aula y cuesta que participen en ellas, las iniciativas del alumnado para implicarse en proyectos de actividades son cada vez más escasas. Quizá sea el signo de los tiempos o la sensación de que cualquier tiempo pasado fue mejor, en cualquier caso añoramos la época en que el grupo “Sahara” llamaba a la puerta del director para presentar nuevas ideas, nuevas iniciativas.

Habría que crear una escuela de agentes culturales en las que alumnos más experimentados transmitieran sus inquietudes e ideas a los recién llegados, ya que en instituto es un lugar de paso que se renueva constantemente. Ahora muchas de las actividades que antes se realizaban en plan altruista fuera del horario de clase y a costa del tiempo libre de los alumnos y profesores, han pasado a tener el estatus de “asignatura”: el teatro, la prensa escolar “se estudian y se califican”.

Me pregunto si hemos ganado o perdido con este cambio sustancial, ya que aquello que se hace por obligación y a cambio de algo pierde su valor y deja de tener su atractivo. Me alegra saber que el grupo “Sahara Teatre” sigue en activo en pleno siglo XXI, que ha sabido evolucionar y sobreponerse a los avatares de las vidas de sus miembros, ellos constituyen una buena muestra de que sigue habiendo vida después de unos estudios, sobre todo si existe un grupo cohesionado y con voluntad de seguir haciendo cosas juntos.

Desde aquí les animamos a que sigan trabajando y ofreciéndonos sus espectáculos, pues constituyen una buena muestra de constancia y perseverancia para las generaciones actuales de jóvenes, carentes de modelos y referentes que les hagan salir de esa indolencia y apatía a las que les arrastra la sociedad actual.

 

JOSE VICENTE CANDELA, docente del I.E.S “Sixto Marco”.